LA MANO NEGRA: Crímenes y represión sobre el movimiento obrero andaluz




La cuerda de presos acusados de pertenecer a la "Mano Negra" es conducida a la cárcel de Cádiz
Diego Caro Cancela*
Hace ciento veinticinco años, el 14 de junio de 1884, fueron ejecutados a garrote vil, en una plaza de Jerez de la Frontera, siete trabajadores de la comarca acusados de haber cometido unos crímenes en nombre de una sociedad secreta anarquista llamada La Mano Negra. Culminaba así una estrategia de intimidación, miedo y represión por parte del Gobierno monárquico que, aprovechando una serie de asesinatos y unos procesos plagados de irregularidades, buscaba desarticular el pujante movimiento obrero andaluz.
El último tercio del siglo XIX constituyó un periodo decisivo en la historia del movimiento obrero andaluz por tres razones. En primer lugar, porque fue en estos años cuando aparecen las dos grandes corrientes sindicales que liderarán la representación de la mayoría de los trabajadores de la región: la anarcosindicalista de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) —más tarde traspasada al anarcosindicalismo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)— y la socialista de la Unión General de Trabajadores (UGT) y el PSOE. En segundo lugar, porque en la década que va de 1882 a 1892, tuvieron lugar en Andalucía unos conflictos sociales —los sucesos de La Mano Negra, la masacre de Riotinto de 1888 y el asalto campesino a Jerez—, que no sólo conmocionaron a la opinión pública de las comarcas en los que se produjeron, sino que provocaron importantes repercusiones en la política del Estado y en la trayectoria de las propias organizaciones obreras por las oleadas de represión y solidaridad que levantaron. Finalmente, fue entonces cuando Andalucía se convirtió en el principal bastión del movimiento anarquista español, con una estrategia más radical que la “legalista” que defendían los dirigentes catalanes, marcando con una peculiar seña de identidad la historia social de la Andalucía contemporánea. De todos estos acontecimientos, la cuestión de La Mano Negra es todavía hoy la que sigue teniendo más incógnitas por desvelar.
LOS AÑOS 1881Y1882 ESTUVIERON MARCADOS POR UN CRECIMIENTO DE LAS SOCIEDADES OBRERAS Y UNA TREMENDA CRISIS DE SUBSISTENCIAS
OBREROS ORGANIZADOS. No podemos entender los confusos sucesos de La Mano Negra en la campiña gaditana, de finales de 1882 y principios de 1883, sin ponerlos en relación, en primer lugar, con el importante crecimiento que tiene desde su nacimiento la FTRE, la nueva organización obrera fundada en septiembre de 1881, con una clara vocación de continuidad respecto a la Federación Regional Española (FRE), que había nacido en los años del Sexenio Democrático y que había entrado en una progresiva decadencia desde que fuera declarada ilegal por el Gobierno, tras el golpe de Estado del general Pavía, el 10 de enero de 1874.
En poco tiempo, gracias a las facilidades proporcionadas por el nuevo Gobierno liberal de Sagasta para el asociacionismo, las dos organizaciones comarcales andaluzas —la del Este y la del Oeste— y la catalana se convertían en las más numerosas de la nueva entidad obrera nacional, alcanzando también una notable implantación entre los jornaleros agrícolas de la región. Y cuando más fuerza tenía este proceso de expansión, la FTRE celebraba su segundo congreso en Sevilla, del 24 al 26 de septiembre de 1882. Contaba ya con 663 secciones y 57.934 federados, dos tercios de los cuales —38.349— eran andaluces. Fue el congreso obrero español más importante del siglo XIX por el número de delegados presentes y de sociedades y federados representados.
El Congreso de Sevilla decidió mantener la línea de conducta cauta y posibilista aprobada el año anterior en la reunión fundacional de Barcelona, con una organización pública estructurada en secciones de oficios, actuando dentro de “los medios legales que hoy se nos permitan”, rechazándose, en este sentido, una propuesta de los partidarios de la anterior comarcal de Andalucía del Oeste, que en un dictamen alternativo, defendía el mantenimiento de una organización pública y otra secret para proseguir con las represalias, a través de robos, incendios y otros actos de protesta. También se acordó -en esta línea moderada- restringir el recurso a las huelgas consideradas “armas de doble filo” y fomentar la propaganda por encima de otros objetivos inmediatos.
Gracias a esta estrategia “pragmática” la nueva situación de legalidad de la que disfrutaba, la FTRE siguió incrementando sus efectivos, llegándose a crear una tercera organización comarcal -la de la Andalucía del Sur-, al lado de las dos que ya existían (la del Este y la del Oeste), formada por la mitad occidental de la provincia de Málaga, los cuatro partidos judiciales más orientales de la provincia de Cádiz, más los de Osuna y Estepa, de Sevilla.
Era evidente que ni las clases propietarias ni el propio Gobierno iban a permanecer impasibles ante la pujanza de una organización obrera que cada día que pasaba mostraba una mayor fortaleza, como se demostraría en los distintos conflictos sociales que se fueron planteando. Una inquietud que se acentuaría con la grave crisis de subsistencia que padece casi toda Andalucía a lo largo del año 1882. Culminaba así una sucesión de catastróficas cosechas de cereales y leguminosas que había arrancado en 1879. Una sequía absoluta, que abrió y cerró el año agrícola de 1881-1882, tuvo como consecuencia un fortísimo incremento del desempleo agrario.
APARECE EL HAMBRE. En el calamitoso invierno de 1882, las calles de las principales poblaciones andaluzas se vieron invadidas por decenas de familias jornaleras, dedicadas a pedir limosna o trabajo en las puertas de los Ayuntamientos. Pero si en algunos lugares las manifestaciones de estos necesitados apenas si crearon problemas a las autoridades por su talante pacífico, en la campiña próxima a Jerez -donde la crisis había llegado antes- las protestas muy pronto adoptaron un cariz diferente, más anónimo y crispado. Ya en los primeros meses de 1882 se habían producido incidentes en localidades como Arcos y Trebujena, cuando los jornaleros irrumpieron en sus ayuntamientos, exigiendo pan y trabajo con ademanes amenazadores , y entre julio y agosto abundaron los asaltos en cuadrillas a distintas fincas rurales, para robar todo tipo de víveres (sacos de harina, garbanzos, huevos, gallinas, ovejas o cerdos).
La situación empeoró con la llegada del otoño, cuando los robos de pan se hicieron generales en las calles de Jerez y Sanlúcar de Barrameda, con caracteres que las autoridades empezaron a considerar que no eran espontáneos . Lo ocurrido en Jerez el 2 de noviembre marcó un punto de inflexión en la situación. El día se inició con cerca de un millar de jornaleros manifestándose de forma tumultuosa ante las puertas de las Casas Consistoriales, reclamando a los regidores trabajo para todos y no para la mitad de los parados como se les ofrecía. La falta de acuerdo hizo que la concentración se disolviera, formándose varios grupos que se dedicaron a asaltar todas las tahonas y los establecimientos de alimentación que encontraron a su paso.
La respuesta gubernamental fue inmediata. Varias decenas de trabajadores fueron detenidos como supuestos partícipes y colaboradores en los asaltos, al mismo tiempo se decidió incrementar las fuerzas policiales y militares, que ya desde el verano venían patrullando por la campiña. El 21 de noviembre llegó a la ciudad el capitán Oliver, con 90 guardias civiles, comenzando de inmediato sus pesquisas y detenciones selectivas, mientras que la prensa conservadora y la burguesía agraria de la comarca se encargaban de agitar a la opinión pública, con noticias sobre los anarquistas franceses de la Banda Negra, el proceso que los juzgó y descripciones alarmistas de estos incidentes.
Era evidente que se querían aprovechar estos disturbios y las acciones de los grupos internacionalistas clandestinos para emprender una verdadera ofensiva contra el pujante movimiento obrero organizado, articulado alrededor de la FTRE, a pesar del triunfo de las tesis moderadas del Congreso de Sevilla. La excusa fueron cuatro crímenes descubiertos entre finales de 1882 y el mes de abril de 1883, en los alrededores de Jerez, que muy pronto las autoridades y la prensa más conservadora atribuyeron a una organización secreta anarquista conocida con el nombre de La Mano Negra, iniciándose una rápida oleada de detenciones en todos los pueblos de la comarca, que en poco tiempo llevaría a las cárceles de Jerez y Cádiz a varios centenares de presos.
LOS PRESUNTOS CRÍMENES. El primero de los llamados crímenes de La Mano Negra se produjo en la madrugada del 4 de diciembre de 1882, cuando murieron asesinados Juan Núñez Chacón, propietario de una pequeña venta situada en el camino de Jerez a Trebujena y su esposa, María Labrador. Los asesinos, al parecer, fueron seis, uno de los cuales murió de un disparo hecho por el ventero. Al día siguiente, la Guardia Civil detenía en una viña próxima a los demás. Mientras, entre la opinión pública se extendió el rumor de que lo sucedido se debía a una venganza practicada por los miembros de una sociedad clandestina, debido a la condición de confidente que tenía el asesinado, al servicio de la Guardia Civil y de la Guardia Rural, a las que presuntamente informaba de las conversaciones que escuchaba en su establecimiento de los trabajadores asociados que por allí pasaban.
EL GOBIERNO APROVECHÓ LA EXISTENCIA DE VARIOS CRÍMENES EN LA CAMPIÑA PARA DESATAR UNA DURA PERSECUCIÓN CONTRA LAS SOCIEDADES ANARQUISTAS
Meses antes, el 13 de agosto de 1882 se había producido otro crimen, el del guardia rural Fernando Olivera Montero, vecino de Arcos. Aunque en un principio se dijo que se había debido a un disparo accidental de la escopeta que portaba, meses más tarde, una denuncia anónima lo atribuyó a la paliza que le habían dado dos miembros de La Mano Negra del mismo pueblo, por haberse negado a entrar en la sociedad y por no haber respetado la confidencialidad de las informaciones que le proporcionaron sobre la misma.
El tercer caso fue el más conocido porque dio lugar al proceso más espectacular, por el
número de inculpados y las sentencias dictadas, con siete condenas a muerte, ocho de prisión y una absolución. Se trató del asesinato de Bartolomé Cago Campos, conocido como el “Blanco de Benaocaz”, en una fecha imprecisa de finales de noviembre y principios de diciembre de 1882, en el llamado cortijo o pago de La Parrilla, situado en la entonces pedanía jerezana de San José del Valle. Una muerte de causas confusas, entre las que se citaron el impago de una deuda, la consideración de delator de Gago, incluso una posible venganza familiar por las relaciones que la víctima mantuvo con una joven pariente de los hermanos Francisco y Pedro Corbacho, que aparecían entre los acusados, ninguno de los cuales reconoció nunca pertenecer a una sociedad secreta, aunque sí a una asociación de trabajadores vinculada a la FTRE.
Finalmente, más confuso si cabe fue el considerado cuarto crimen de La Mano Negra , el llamado de “la posada de Cuatro Caminos” o “de la venta del Empalme”, situada en el camino a Rota: el asesinato, el dos de abril de 1883, del ventero Antonio Vázquez, por cuatro hombres que serían detenidos poco después, cuando trabajaban en una viña, en las afueras de El Puerto de Santa María. El móvil pareció desde un principio que fue el robo de género, pero los apresados no tardaron en ser acusados también de pertenecer a la sociedad secreta.
LOS PROCESOS. Los llamados procesos de La Mano Negra se fueron celebrando a lo largo de 1883 -el primero a finales de mayo- y se saldaron con altas penas de cárcel para varios de los acusados y doce condenas a muerte. Recurridas las sentencias ante el Supremo por los abogados defensores, sorprendentemente este alto tribunal-con las mismas pruebas- elevó a 15 las condenas a muerte, el 5 de abril de 1884. Finalmente, el Gobierno terminó indultando a varios y siete de los condenados fueron ejecutados públicamente en una plaza de Jerez, el 14 de junio de 1884.
La existencia o no de La Mano Negra como sociedad secreta responsable de estos crímenes ya en su momento fue motivo de una larga polémica, tanto por la confusión con la que se produjeron las numerosas detenciones, como por las numerosas irregularidades que se dieron en los procesos. Las únicas pruebas que en su día presentaron las autoridades fueron, por un lado, el “sensacional” descubrimiento en el campo por la Guardia Civil de los estatutos de la sociedad, bajo el título de Reglamento de la Sociedad de Pobres contra sus ladrones y verdugos y, por otro, la militancia que tenían en la Internacional varios de los presuntos implicados en uno de los crímenes. En contra, desde un primer momento destacadas personalidades de la época y los medios libertarios denunciaron el tema de La Mano Negra como un auténtico montaje policial, con la intención de desprestigiar y desarticular al movimiento obrero de la comarca. El desmentido de la propia dirección de la FTRE, hecho en marzo de 1883, no pudo ser más contundente:
“Conste una vez más que nuestra Federación nunca ha sido partidaria del robo, el incendio, el secuestro, ni el asesinato y sépase también que no hemos sostenido, ni sostenemos relaciones con La ManoNegra, ni con ninguna asociación secreta que tenga por objeto la perpetración de delitos comunes. Quien roba siempre será un ladrón; quien secuestra, un secuestrador; y quien mata, un asesino, lo mismo en la sociedad presente que en la del futuro. En el seno de esta Federación Regional de Trabajadores Españoles no caben, ni existen ladrones, secuestradores, ni asesinos”.
LOS LLAMADOS PROCESOS DE LA MANO NEGRA ESTUVIERON PLAGADOS DE IRREGULARIDADES, DECLARACIONES FORZADAS Y PRUEBAS CONFUSAS
Y un coetáneo de los sucesos, el periodista y cronista jerezano Manuel Cancela tampoco tenía dudas sobre el particular en la Guía de Jerez que publicaba al año siguiente, en 1884 cuando escribía: “La Mano Negra propiamente dicha es un aborto de la imaginación: así debe consignarlo la historia, agena (sic) a la pasión y pasando por encima de toda clase de preocupaciones (…). Los crímenes que en ese año se vieron en la Audiencia de lo criminal de Jerez son reales y positivos; pero no de nueva clase (…). Era un drama realista que necesitaba título, y se le buscó terrible, significativo, sonoro, teatral: La Mano Negra”. Una opinión que también compartía otro personaje de la época, el veterano republicano federal Ramón de Cala, según lo que escribía este mismo año en su libro El problema de la miseria resuelto por la harmonía (sic) de los intereses humanos. Este destacado político jerezano también tenía una clara opinión sobre el particular: “yo, que conozco a Jerez como se conoce a la cuna donde nos hemos mecido, y a los lugares y personas donde y con quienes nos hemos criado, yo, después de haber visto y estudiado los hechos, declaro por mi honra y con toda sinceridad, que La Mano Negra es un mito, que no ha existido, ni existe, y que es una invención desdichada del interés y del pánico, que vive sólo en la fantasía”.
LAS INTERPRETACIONES. Esta última es la tesis que -con diferentes matices- han defendido los historiadores que han investigado con más profundidad esta “embrollada” historia. Clara E. Lida, por ejemplo, sostiene la hipótesis de que La Mano Negra fue una organización de resistencia creada por los militantes anarquistas durante la época de clandestinidad (1874-1881), de la que el Gobierno ya tenía pruebas, sacándolas ahora, en 1883, para atacar y desprestigiar a la FTRE, responsabilizándola de unas muertes con las que nada tenía que ver.
Glen Waggoner, por el contrario, cree que no hay ninguna prueba que permita afirmar la existencia de La Mano Negra como organización y mucho menos de su autoría en los crímenes que se le imputaron.
Más recientemente, Demetrio Castro tuvo el acierto de situar estos confusos sucesos en el contexto de la gran crisis de subsistencias que afectó a toda Andalucía a lo largo de 1882 y llamó la atención sobre varios aspectos . En primer lugar, sobre el hallazgo de una copia del reglamento de la sociedad secreta en el archivo de la propia Secretaría del Rey, lo que, a su juicio, parece descartar una falsificación del mismo. En segundo lugar, que en este reglamento se habla de un “Tribunal Popular” y no se menciona para nada a La Mano Negra, aunque la organización que describe y el léxico que se emplea tiene claras similitudes con el lenguaje y las prácticas de la FTRE en la clandestinidad y, finalmente, hace notar que las actuaciones jurídicas que se siguieron contra los encartados en los procesos fueron “deliberadamente confusas”, pretendiendo identificar y relacionar de forma reiterada y burda criminalidad común, Mano Negra e Internacional. En definitiva, es posible que los autores de los crímenes fueran miembros de una federación local de la FTRE, pero no necesariamente miembros de una sociedad llamada La Mano Negra, que entraría ahora en escena, traída de forma interesada por las propias autoridades.
Jacques Maurice ha destacado el carácter de represión preventiva que tuvieron estos procesos, en los que el fiscal siguió al dictado las intenciones vengativas de los más cualificados representantes de la gran burguesía agraria andaluza y, por último, Antonio López Estudillo defiende la tesis de que los acusados de pertenecer a La Mano Negra eran los mismos que se estaban escindiendo de la FTRE en discrepancia con sus tácticas, organizando la sociedad clandestina “Los Desheredados”. Sería, por tanto, la práctica de las represalias por éstos lo que le dio al Gobierno legitimidad para reprimir a todo el sindicalismo agrario. Una persecución policial que se vio también favorecida por la confusa superposición de organizaciones secretas y semipúblicas, con militancia en las dos de los “clandestinistas” y las delaciones entre los miembros de una y otra tendencia ante la coacción y la tortura policial.
LAS CONSECUENCIAS. En definitiva, los procesos de La Mano Negra sólo fueron el aspecto más llamativo de una ambiciosa operación destinada a desarticular a la pujante FTRE en Andalucía e imponer un orden social, que había quedado deteriorado a lo largo de 1882. La ocupación de la comarca por las fuerza militares y policiales, las cientos de detenciones, la exhibición de cuerdas de presos, las palizas y las amenazas generalizadas sirvieron para crear una atmósfera de intimidación y miedo que tuvo como primera consecuencia la autodisolución de muchas federaciones obreras y el lento declive de otras, paralizando las acciones de un movimiento obrero que quedaría seriamente afectado por la represión.
Esta persecución gubernamental hizo que las tensiones entre “clandestinistas y legalistas” volvieran a resurgir en el tercer congreso que la FTRE celebra en Valencia, a principios de octubre de 1883, en un nuevo contexto político , marcado por la vuelta de los conservadores de Cánovas del Castillo al Gobierno, un año después. En poco tiempo, en este ambiente marcadamente represivo contra las organizaciones obreras, el Tribunal Supremo declaraba fuera de la ley a la FTRE, al considerarla una asociación contraria a la moral pública, dando argumentos a los partidarios de “clandestinismo”, que seguían vinculados al grupo de “Los Desheredados”. En franca decadencia pues, la dirección de la FTRE perdió toda iniciativa en las distintas discusiones sindicales e ideológicas abiertas en aquellos momentos , especialmente en los debates que enfrentaban a anarcocolectivistas y anarco-comunistas, aglutinados estos últimos alrededor de la figura de Fermín Salvochea y su periódico El Socialismo, publicado en Cádiz en 1886.
La disolución formal de la FTRE llegó a finales de septiembre de 1888, cuando se acordó su transformación en una nueva entidad, llamada ahora Organización Anarquista de la Región Española. En Andalucía, este fracaso de la FTRE tuvo como consecuencia más inmediata el repliegue de los anarquistas a los llamados “grupos de afinidad”, con el objetivo de evitar la persecución policial y lo que venía siendo una imparable desorganización de las sociedades obreras y campesinas por toda la región. Era evidente que si el Gobierno, con la deliberadamente confusa trama de La Mano Negra, había querido anular el evidente resurgir del movimiento obrero que arrancó desde principios de 1881, el objetivo fue conseguido plenamente.
Leopoldo Alas Clarín en Andalucía
• El hambre en Andalucía, de Clarín, es el conjunto de una serie de 21 artículos publicados en el periódico madrileño El Día, desde el 31 de diciembre de 1882 hasta el 21 de julio de 1883, mientras visitaba varias provincias andaluzas y Jerez de la Frontera, cuando los sucesos de La Mano Negra estaban en su momento más álgido.
El 13 de enero de 1883, llegaba a Jerez y remitía al periódico la siguiente crónica:
“Interrumpo la ordenada serie de mis cartas en que voy tratando por sus pasos contados de la crisis económica de Andalucía, según el método que me he propuesto, para hablar hoy nada más que de las impresiones recibidas al llegar a esta ciudad, cuyo estudio, desde el punto de vista que nos importa, es de los más interesantes que pueden hacerse en Andalucía, porque, en compendio, se ve aquí planteada la cuestión difícilísima que debiera preocupar al Gobierno (…). En Córdoba, en Sevilla, en Cádiz me han dicho cuantas personas he consultado, que en ninguna parte como en Jerez podía verse todo el valor de la actual crisis; y, en efecto, llego y veo y oigo lo mismo que se me había anunciado. Más vale llegar a tiempo… Hoy mismo ha sido asaltada una panadería en esta ciudad, y la autoridad está alarmada, y con motivo. Están en Jerez, y han conferenciado en casa del señor alcalde, el capitán general del distrito y el comandante general de Cádiz. Estos señores no han venido a Jerez con motivo del atropello de que hablo arriba; éste ocurrió hoy a las cuatro de la tarde, y cuando yo he tenido noticia de tal asunto, lo ignoraban las autoridades militares de que trato. Han venido, porque los sucesos de Arcos y otros puntos han alarmado la opinión, y en general, el estado de los ánimos en esta ciudad no inspira gran tranquilidad, porque subsiste la tirantez de relaciones entre obreros y capitalistas”.
En GonzálezTroyano, Alberto (editor):
Andalucía: cinco miradas críticas y una divagación.
Fundación Lara, Sevilla, 2003.
Los supuestos estatutos de La Mano Negra
• “Habiendo sido la Asociación Internacional de los Trabajadores puesta fuera de la ley por los gobiernos burgueses, imposibilitándola por este motivo para resolver pacíficamente la cuestión social, y de cuya resolución no puede prescindir, ha tenido que convertirse en organización revolucionaria secreta, para llevar a cabo la revolución social violenta; pero como para llegar a este último tiene que pasar algunos años, y la burguesía no para de cometer crímenes contra la clase trabajadora, cuyos crímenes es menester castigar ante que llegue la revolución social; y considerando que todos los federados no son a propósito para llevar a cabo estos castigos de un modo conveniente, por estas razones se forma un núcleo denominado Tribunal Popular, cuyo tribunal será el encargado de sentenciar y castigar los crímenes de la burguesía. Este tribunal se regirá por los siguientes estatutos: Artículo 1°. Se forma un Núcleo de diez individuos que pertenezcan a la asociación internacional de los trabajadores y se juzguen capaces para este objeto.
Artículo 2a. Castigará los crímenes de los burgueses y sus dependientes por todos los medios que sean posibles, bien sea por el fuego, el hierro, el veneno, o de otro modo”. (…)
En Lida, Clara E.: La Mano Negra. Anarquismo agrario en Andalucía. ZYX. Madrid, 1972.
* Universidad de Cádiz
Fuente: Andalucía en la Historia nº25

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